Desde hace años, las posiciones dominicanas ante la Organización de las Naciones Unidas exhiben un patrón evidente: las delegaciones de RD actúan más como voceros de la ONU que como mandatarios del pueblo dominicano.
POR ELÍAS WESSIN, DIPUTADO NACIONAL
PUBLICADO EL 05 DE Feb DE 2026 08:54 PM
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En la diplomacia contemporánea existe una paradoja que se ha vuelto normalizada: los representantes enviados por los Estados terminan comportándose como emisarios de organismos multilaterales, y no como defensores de los intereses nacionales que justifican su investidura.
La República Dominicana no escapa a esta distorsión. De hecho, la padece.
Desde hace años, las posiciones dominicanas ante la Organización de las Naciones Unidas exhiben un patrón evidente: las delegaciones de RD actúan más como voceros de la ONU que como mandatarios del pueblo dominicano. Esto se observa con total claridad en las votaciones de Resoluciones estratégicas, especialmente en aquellas que definen la orientación ideológica de la región y la posición del país frente a los grandes debates globales.
Para empezar, es palpable la adhesión acrítica a toda la maquinaria normativa asociada a la Agenda 2030. Se vota a favor sistemáticamente, aunque sus postulados (desde políticas de género radicalizadas hasta restricciones productivas bajo el paraguas climático) no responden a la visión histórica, cultural ni moral de la nación dominicana, ni mucho menos a sus prioridades económicas o de seguridad.
Es como si la diplomacia nacional hubiese sido tercerizada. La línea no se define en Santo Domingo, sino en los pasillos burocráticos del sistema ONU.
Este alineamiento dócil se traduce en una renuncia práctica al principio de soberanía, justamente el pilar sobre el cual descansa nuestra existencia como país. En lugar de defender el derecho de los Estados a una auténtica democracia liberal, la delegación dominicana se inscribe en el coro del globalismo woke, aquel que diluye fronteras, absolutiza el papel de organismos supranacionales y promueve un progresismo desarraigado, que poco tiene que ver con los valores de la sociedad dominicana.
Es la negación de los valores históricos republicanos que crearon la República, y la sustitución por una diplomacia ideologizada y complaciente.
Otro patrón preocupante es la inclinación tácita a respaldar regímenes autoritarios de izquierda. Lo vemos en las reiteradas votaciones (a favor o en abstenciones) de cualquier resolución relacionada con sanciones a regímenes dictatoriales de la región, o en el alineamiento público con la causa palestina en detrimento de Israel, un Estado democrático que enfrenta amenazas existenciales.
Estas posturas no reflejan la visión de la mayoría dominicana, una sociedad tradicional, cristiana, prolibertad, cercana a Occidente. Más bien responden a una inercia diplomática heredada de la Guerra Fría y reforzada por la influencia de bloques ideológicos afines al socialismo global. Es decir, se vota por compromiso externo, no por convicción nacional.
Cuando la política exterior deja de ser un instrumento de afirmación nacional y se convierte en un apéndice burocrático de organismos multilaterales, ocurre lo que estamos viendo: RD no está siendo representada en la ONU; está siendo administrada.
La voz de la nación queda opacada por una narrativa importada. Se asume que lo que dicta la ONU es “lo correcto”, y lo que piensa el pueblo dominicano queda fuera del cálculo diplomático. Es un divorcio entre la legitimidad interna y la acción internacional.
El 2028 presenta la oportunidad para corregir ese rumbo. Si la República Dominicana desea recuperar su voz en el escenario global, será necesario que las nuevas autoridades que surjan en 2028 rediseñen completamente la política exterior, devolviéndole su propósito original: defender los intereses del país, afirmar sus valores y proteger su soberanía.
Necesitamos de una diplomacia que hable desde la nación, no desde los organismos; ...que priorice el Estado Nación, no la burocracia global; ...que se alinee con democracias que respetan libertades, no con dictaduras ideológicas; ...que represente al pueblo dominicano, no a agendas ajenas a su visión del mundo.
Esto es una diplomacia de República, no una diplomacia de remolque ideológico.
Autor: Elías Wessin Chávez, Diputado Nacional.
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